Blog de Sergio

Antes, durante y después del confinamiento: Fase 1 (25 de mayo a 7 de junio de 2020)

Hace casi un mes que no escribo, y no porque no haya habido cosas que contar, que las hay. Más bien por trabajo. Finalmente pasó el confinamiento más duro y empezaron los paseos. Yo decidí quedarme en casa y seguir haciendo bicicleta estática para mantenerme en forma. Cuando se inició la fase 1 tocó ir volviendo a la oficina. Poco a poco, sólo media jornada presencial y dos días por semana. El resto trabajando en casa. Bien, ese fue el día que decidí volver a la calle. Durante dos semanas, aún pudiendo salir del municipio al tener ficha federativa, decidí limitar mis paseos al municipio, que no es otro el pequeño enclave de La Llagosta. Este término municipal es el más pequeño de la comarca y buena parte de él es suelo urbano, pero aún así tenemos diversos espacios que vale la pena conocer.

El primer día de salidas, el 25 de mayo, decidí acercarme a la humanizada pero hermosa Riera de Caldes, que en las últimas fechas tiene bastante más agua de lo acostumbrado.

Puente en la Riera de Caldes

Monte Rosa (VIII): Castor

14 de agosto de 2017. No hemos dormido mal, aunque hemos tenido un poco de fresco hacia el final de la noche. Como es costumbre ya, salimos de los últimos hacia la cima, logrando empezar a caminar poco después de las 6 de la mañana. La cima a la que queremos llegar se ve claramente y la traza está muy marcada en la nieve. El primer tramo es amplio y sube suavemente, pero a medida que nos acercamos a la cresta la costa no pinta tan cómoda. 

Subiendo hacia el castor

Monte Rosa (VI): Zumsteinspitze

13 de agosto de 2017. Hemos dormido a más de 4.500 metros de altura y se ha notado. He podido dormir bastante y bien durante algunos ratos largos, pero me he despertado un par de veces y el dolor de cabeza, aunque muy leve y llevadero, persiste. En una de las veces que me he despertado me he asomado a la ventana para ver las montañas y el cielo. Hoy es uno de los días de máxima actividad de las Perseidas, la famosa lluvia de estrellas conocida como las Lágrimas de San Lorenzo. En 10 o 15 minutos he visto un par de estrellas fugaces, pero no más. Finalmente se hacen las 5 de la mañana, que era la hora a la que había que empezar a prepararse. En un rato nos vienen a hacer mediciones otra ves para el estudio de adaptación en altura. Tras una tarde y una noche de descanso sigo a 110 pulsaciones y a un 70 % de saturación de oxígeno. Parece que mi adaptación a la altura no acaba de ser buen, aunque me dicen que no es una resultado malo. Mi compañero otra vez a 60 pulsaciones y 95 % de saturación de oxígeno. 

Zumsteinspitze desde el Collado Gnifetti

 

Monte Rosa (V): Capanna Margherita

12 de agosto de 2018. No recuerdo a qué hora nos despertamos, pero diría que fue a las 4 o a las 5 de la mañana. Refugio lleno y colas para tomar nuestra mantequilla y coger té, etcétera. Nos levantamos pronto pero acabamos saliendo los últimos del refugio. Esto sería tónica habitual en todos los ascensos que hicimos ese verano, en los que si no éramos los últimos en empezar a subir, casi. Aquí toca madrugar para evitar caminar por las tardes, cuando la nieve está más blanda y la caída a grietas es más probable. Por suerte nuestro camino está bien cubierto de nieve, y más después de las recientes nevadas.

Después del desayuno toca ponerse casco, crampones, arnés y cuerda, lo que también nos retrasa. Se nota quién tiene experiencia alpina y quién no. Una vez conseguimos tenerlo todo puesto empezamos a "caminar". Lo pongo entre comillas porque el Refugio Gnifetti está en un enorme promontorio rocoso y hay que bajar por una ferrata bastante corta. No hay más complicación que bajar unas grapas metálicas en la roca, pero con la cuerda, crampones y sobre todo el viento fuerte con el que se levantó el día era todo un poco más complejo. Y como no somos los únicos que bajamos por ahí hay que esperar a que vaya bajando la gente mientras te estás quedando pajarito por el frío. Vaya inicio... 

Por fin conseguimos bajar al glaciar, no recuerdo en cuánto tiempo, pero me pareció mucho para unos metrillos. Allí las complicaciones se acabaron por un rato. La subida era amplia y llevadera y empezaban a aparecer grietas pero eran fáciles de sortear. A las 7 de la mañana ya había parado el viento y echamos la mirada atrás al refugio.

Por encima del Refugio Gnifetti

 

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