11 November 2014

Domingo 9 de noviembre. 7 de la mañana. Lo más normal a esta hora sería estar durmiendo pero, después de unas semanas de tareas diversas, por fin toca excursión. Salimos hacia Begur, para conocer la población y parte de sus preciosos caminos de ronda. Llegamos muy bien, sin tráfico y por buena carretera. Vamos primero al centro del pueblo, donde destacan sus limpias, estéticas y harmoniosas calles, entre otros monumentos, tales como la Torre Pella i Forgas.

Torre Pella i Forgas

Dicha torre, originaria del siglo XVI para repeler ataques de piratas, se construyó sobre roca natural y pueden apreciarse detalles arabescos en ella. Desayunamos un poco y nos encaminamos al Castell de Begur. Esta construcción se halla en lo alto de una loma que destaca en el centro de la población. Su origen es medieval y está documentado desde principios del siglo XI.

Castell de Begur

Este monumento, del que poco queda ya en pie, nos ofrece una maravillosa vista a Torroella de Montgrí, al Castell de Montgrí (coronando el Massís del Montgrí en la parte izquierda de la imagen) y a la Platja de Pals.

Massís de Montgrí y Platja de Pals desde Castell de Begur

Podemos hallar en la parte superior de esta loma, una tabla de orientación donde identificar los elementos de la amplia panorámica de la que gozamos. También encontramos un poema del famoso poeta catalán Joan Vinyoli, que veraneaba en esta población.

Poema de Joan Vinyoli

Descendemos del castillo, no sin dar alguna vuelta indeseada, para pasar junto al Mas del Pinc, original del siglo XVII y con una estética torre. Esta masía es famosa por haber sido residencia de la bailaora Carmen Amaya y en la fecha de realización de la excursión albergaba una exposición de fauna marina de la zona y otra de la conocida bailaora.

Seguimos nuestro camino por el sendero local, con señalizaciones medio borradas o poco visibles en algún punto. En no demasiado tiempo, transitando entre espesos bosques, llegamos al Mirador de la Creu o Mirador de Sant Ramon, desde donde podemos ver ya una buena parte de las costas de Begur, el castillo de donde venimos e incluso las Illes Medes.

Yolanda y Jenny en el Mirador de la Creu

Nos dirigimos ahora hacia la costa, llevándonos a la boca antes un par de madroños que encontramos ya maduros. En cómodo y rápido descenso, pasando por la urbanizació de Aiguafreda, llegamos a línea de mar, a la cala homónima a la urbanización.

Cala d'Aiguafreda

A partir de aquí, como es habitual en los caminos de ronda de l'Empordà, los acantilados, relieves curiosos y playas de postal se suceden.

Saliendo de la Cala d'Aiguafreda

En esta zona encontramos numerosas escaleras para descender a nivel del mar, algunas tan curiosas y estéticas como la siguiente:

Escaleras en el camino a Sa Tuna

Pasamos por otra de la famosas calas de Begur, en este caso la de Sa Tuna. Un poco más adelante destaca la pequeña península formada por Roques Blanques, el Alt de Sant Pau y que concluye en la bucólica playa de s'Eixugador.

Pedres Blanques, Alt de Sant Pau y s'Eixugador

Podemos bajar a esta zona, a la que nos acercamos hasta alcanzar una plataforma de madera que hace las veces de mirador, donde tomamos una foto de grupo.

Foto de grupo en el mirador cerca de Pedres Blanques

En este punto nos enfrentamos a la subida más fuerte de todo el recorrido, aunque no dura demasiado. Por ella ganamos altura por terreno pedregoso y alzándonos sobre las costas y los pinares que crecen por encima, hasta alcanzar un monolito donde el terreno se vuelve casi horizontal. Alcanzado éste, reposamos un poquito, hacemos fotos pues el lugar lo merece, y seguimos recorriendo el camino costero.

Sa Tuna desde monolito

Pronto el terreno vuelve a accidentarse, sin presentar grandes dificultades y ofreciendo maravillosas vistas, como la de este acantilado sobre la zona de ses Falguerines.

Acantilado cerca de ses Falguerines

En breve salimos a otra urbanización, donde encontramos esta "perla" en la señalización del camino.

¿Palmera indicadora?

Dejamos atrás el "aloe indicador", que mezcla el mal gusto, la falta de respeto a la naturaleza y la originalidad... Muy normal no es ver algo así, por lo menos para nosotros. Desde este punto ya todo es pista, asfaltada o de tierra. Seguimos hasta el mirador del Cap de Begur, que está cerca del Faro del Cap de Begur. Las vistas son buenas, pero el faro no está demasiado bien conservado. 

Continuamos, por pista ascendente y sin posibilidad de pérdida, hasta alcanzar un cruce donde dejaremos el GR 92, que hemos seguido gran parte del camino y que recorre desde Tarifa a Portbou. Este sendero forma parte del trazado del futuro E-12, que recorrerá el "Arco Mediterráneo", desde Marruecos hasta Turquía pasando por el actual trazado del GR-92. 

Nos desviamos un poco de este cruce para acercarnos a un sendero junto al Puig de Saguàrdia, desde donde disfrutaremos de la última vista hacia la costa, en este caso sobre la zona de Aiguablava.

Una mirada a Aiguablava

Nos queda una media hora para retornar al punto de origen. Cuando estamos dando la vuelta nos encontramos un pequeño insecto, pecualiar donde los haya y un gran depredador, una mantis religiosa. Son muchas las curiosidades en torno a este insecto, desde su modo de cazar, permaneciendo inmóvil con las patas delanteras juntas (como si estuviera rezando, de ahí su nombre) a su capacidad para girar la cabeza 360 grados o ser el único animal conocido con un sólo oído, que tiene en el tórax.

Mantis religiosa

Después de nuestra observación faunística del día, retornamos a Begur. Por el camino se nos ofrecen estas vistas de postal.

Begur y Castell de Begur

Ya de nuevo en el pueblo, nos sentamos en una terraza céntrica a tomarmos unas bravas (un poco caras pero buenas) y unas croquetas caseras más que aceptables. Acabado el aperitivo, de vuelta a casa, aún nos queda tiempo para hacer una visita a Santa Maria de Gallecs y comernos allí los bocatas. Gran día, buena compañía y preciosa excursión.

¡Hasta la próxima!

Galería fotográfica de la ruta circular desde Begur

Descripción de la ruta circular desde Begur